Historia de la Contabilidad

MANUAL DE CONTABILIDAD FINANCIERA, de José Rivero Romero (Catedrático de Contabilidad de la Empresa y Estadística de Costes de las Universidades Complutense y Rey Juan Carlos de Madrid), Ed. 1974, páginas 125 a 130:

Las condiciones sociales y económicas, que unidas a profundas corrientes espirituales transformaron la sociedad de Europa durante el Renacimiento, dieron origen a una nueva edad. Con la Edad Moderna surge una concepción distinta de la vida, nuevos sistemas políticos y también -en el mundo de la economía- hechos y doctrinas que cambiaron la faz del mundo.

La panorámica del Renacimiento podría resumirse en una sencilla enumeración: Estados nacionales con un común ideal de expansión colonial y económica; economía universalizada, comercio entre todos los mares y todos los continentes; auge de la producción industrial urbana; crecimiento constante del estado llano en detrimento de la nobleza; desarrollo del crédito y las actividades bancarias …

La Contabilidad había de beneficiarse también para su desarrollo como praxis y su fundamentación como doctrina, en estos campos que transformaron la civilización. El Renacimiento marca para nuestra Ciencia una etapa definitiva, a la vez constitucional y ampliamente prometedora.

El hecho de más consideración doctrinal que el Renacimiento ofrece en la historia de la Contabilidad es la formulación de una teoría de la partida doble. Hasta entonces, y desde época incierta, la partida doble venía siendo una mera práctica comercial y bancaria, extendida con creciente difusión desde 1250 hasta finales del siglo XV.

Fue en este tiempo cuando un hombre genial, FRAY LUCA PACCIOLI, singular matemático, amigo de Leonardo y sabio de amplios horizontes, formuló una doctrina de la partida doble sobre el mundo de los hechos, penetrando en sus más hondas significaciones, Fray Luca Paccioli construyó -para los siglos- una doctrina de incalculable alcance.

El que la partida doble se practicase con mucha anterioridad a Fray Luca Pacioli no hace más que enaltecer y valorar su obra teórica. El hombre de genio no crea jamás en las nubes, sobre la nada y divorciado de la realidad. Crea sobre la realidad misma, vinculado a la vida, y descubriendo en el mundo de las conexiones reales el sentido profundo de lo que otros no han sabido ver. Del mismo modo, Hipócrates, con enorme poder creador, formuló una medicina científica sobre el inmenso reservorio de fórmulas empíricas archivadas por los Asclepiades. Así, Luca Paccioli, investigando en la trama de la realidad patrimonial y mercantil de su tiempo, halla la teoría de la partida doble y la formula con clásica nitidez.

Podemos preguntarnos ¿cuál es el alcance -para la ciencia de la Contabilidad- de este descubrimiento? Contestaríamos con palabras del inolvidable Werner Sombart:

«La partida doble ha nacido del mismo espíritu que los sistemas de Galileo y Newton … La partida doble nos descubre el cosmos del mundo económico, según el mismo método con que los investigadores de la naturaleza descubrieron más tarde el cosmos del mundo estrellado. La partida doble se basa en el principio fundamental de concebir todos los fenómenos como meras cantidades».

En efecto, una morfología de la cultura puede establecer lícitamente la identidad estructural entre la explotación del cosmos económico por Luca Paccioli y la casi subsiguiente exploración del cosmos astronómico por Copérnico y Galileo. Ya Goethe, en el «Wilhelm Meister», decía que la partida doble «es una de las más bellas creaciones del espíritu humano», y Oswaldo Spengler valoraba la partida doble como «puro análisis del espacio de los valores, análisis referido a un sistema de coordenadas cuyo punto inicial es la firma». El mismo Spengler afirmaba que Luca Paccioli «puede colocarse sin reparos junto a sus contemporáneos Colón y Copérnico».

Por esta razón, Luca Paccioli, como teorizante general de la partida doble, ocupa un puesto céntrico en la historia de la Contabilidad. De él arranca, indudablemente, un nuevo período, al que muchos tratadistas llaman período metafísico en la historia de la Contabilidad.

La personalidad de Paccioli es muy completa. Hombre de sensibilidad exquisita, fraile ejemplar, filósofo y matemático de primer orden, tiene -sin embargo- un puesto excepcional en la historia de la Contabilidad.

A parte de su obra escrita, de inmenso relieve, debieron influir mucho en su época los constantes cursos y labor de cátedra infatigable que realizó Paccioli: en 1477 ingresa en la orden franciscana, poco después explica tres años en Perugia, en 1481 pone cátedra en Zara de Dalmacia, más tarde en Florencia y desde 1487 en Perugia, nuevamente. Desde 1489 recorre, siempre como profesor estimadísimo, Roma, Urbino, Nápoles, Venecia, Milán, Pisa (1500-1506), Bolonia, nuevamente Perugia y Roma en 1514, donde muere «no se sabe exactamente en qué fecha, después del 30 de agosto de este año».

Su vida azarosa, viajera y consagrada al estudio no le impidió conocer la realidad mercantil de la época. Precisamente, desde 1464, no habiendo cumplido aún los veinte años, había obtenido Luca Paccioli «el cargo de preceptor de una rica familia de mercaderes venecianos, con lo que pudo ampliar sus conocimientos de aritmética comercial e impartir cursos de esta especialidad, redactando también un pequeño tratado perdido, para sus discípulos. Así pues, entorno a la Contabilidad precisamente se inició la labor investigadora de este gran matemático.

Todos los historiadores de la matemática, antes y después de Cantor, subrayan -como en nuestros días Colerus o Rey Pastor- la importancia de Paccioli en el desarrollo del saber matemático. Pero, sin duda alguna, el acento de su pensamiento y su obra descansan sobre su grandiosa formulación de una doctrina general de la Contabilidad y la partida doble.

En este orden de consideraciones preferimos dejar la palabra a varios y destacadísimos especialistas en la ciencia y la historia de la Contabilidad, resumiendo así, en una brillante serie de opiniones, el papel y la significación de Fray Luca Paccioli.

«El primer tratado sistemático y científico de la Contabilidad se debe al monje franciscano Fray Luca Paccioli, natural de Borgo (Toscana), aunque algún autor considere que antes del monje franciscano ya se había ocupado del estudio de la Contabilidad en su aspecto científico Benedetto Cotrugli, de Ragusa, en una obra titulada "Del Mercatore a la Mercatura perfecta", que, no obstante, vio la luz con posterioridad a la obra de Paccioli».

«… Faure puso cierta duda en que la obra de Paccioli fuese el primer trabajo de Contabilidad publicada, hoy ya fuera de toda controversia. Faure se refería a la obra escrita de Cotrugli, de la que ya se ha hablado en el párrafo precedente. Reymondin (citado por Cañizares), en su notable bibliografía, dice que el libro de Cotrugli fue publicado en Venecia en 1573. Sin embargo parece que fue escrito en 1458».

«La obra de Paccioli fue publicada el 10 de noviembre de 1494, en Venecia, y se denominó "Summa arithmetica, geometrica, proportioni, proportionalita el arte magiore". La obra, en conjunto, es una verdadera enciclopedia de carácter matemático y filosófico. En esta obra estudia el insigne monje problemas muy variados, que van desde cuestiones de pura aritmética o geometría hasta el cálculo de probabilidades. La mencionada obra dedica un capítulo, bajo la denominación de "Tractatus particularis de computis et scripturis", al estudio de la Contabilidad. El propio autor reconoce que los principios que él recoge y desarrolla no son originales, sino que los toma de la práctica económica o del comercio observado por él».

Lopes Amorim dice que el libro de Paccioli es el resultado de una larga serie de aproximaciones sucesivas, constituido por la larga experiencia de cerca de dos siglos, que él esclarece, completa y sistematiza por medio de principios y normas perspicazmente deducidos y claramente enunciados.

«La obra de Paccili marca el comienzo de una nueva era en los anales de la Contabilidad; fue, no solo la primera, sino también la más importante de las obras que le siguieron por espacio de dos siglos, ya que los autores no hicieron más que reproducir los puntos de vista de Paccioli. La influencia de la obra de Paccioli traspasó las fronteras italianas de una manera bien evidente, para extenderse en todos los países que comerciaban con Italia. Por consiguiente, no solo en Italia, sino también fuera de ella, los escritores se dedicaron a divulgar, comentar y perfeccionar la obra iniciada por Paccioli». Como, por ejemplo, la que apareció cien años más tarde (1594), de Pashier Goossens, que señala el defecto del balance en la obra de Paccioli.

La influencia de la obra del Maestro de la Contabilidad es recogida por Fernández Pirla, cuando dice: «la obra de Paccioli ha informado toda la literatura contable posterior, que hasta la obra de Cerboni podemos decir de que no aporta nada sustantivo y definitivo en el plano científico y doctrinal».

Como reconocimiento a la magna obra de ilustre monje, con ocasión de un Congreso Contable, reunidos en Borgo de San Sepolcro, en 1878, los congresistas rindieron a Paccioli, en su país natal, un merecido homenaje, dando fiestas en su honor, y consagrando a su memoria una placa en la cual se lee la inscripción siguiente: «A Luca Paccioli, que fue el amigo y consejero de Leonardo Da Vinci y de Leon Baptiste Alberti, y el primero que dio al Álgebra la estructura de una ciencia, y enseñó la escritura comercial por partida doble, cuya obra matemática sirvió invariablemente de base y modelo a los trabajos posteriores; a este gran ciudadano, el pueblo de San Sepolcro, avergonzado del olvido durante trescientos setenta años, eleva este monumento».

Como cosa curiosa recogemos el pensamiento de Paccioli respecto a las condiciones que, a su juicio, debía tener un buen comerciante:

  • De ellas, la más importante es el dinero o cualquiera otra facultad sustancial, es decir, el crédito.
  • La segunda requiere ser un buen calculista o inteligente tenedor de libros,
  • y la tercera condición es tener la ciencia de llevar la Contabilidad.

 

Baltasar Salvador de Solorzano, vallisoletano nacido en Medina de Rioseco en el año 1544, fue el autor del primer tratado de Contabilidad en lengua castellana basado en la partida doble. La obra titulada  "Libro de Caxa y manual de cuentas de mercaderes y otras personas con la declaración de ellos",  es publicada en Madrid en el año 1590 y dedicada al Rey Felipe II.

Sebastian de Jócano y Madaria, Oficial de la Contaduría de Indias, afirma que España fue el primer país del mundo en imponer legalmente la partida doble en la contabilidad de sus comerciantes (Cortes de Monzón de 1564).

Al libro diario se le consideraba de capital importancia desde el aspecto legal ya que al recoger todas las operaciones del negocio, podía ser fácilmente controlado, tanto a efectos fiscales como a efectos cambiarios.

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